
Muy
buenas a todos y todas! En esta ocasión en Rincón del Ciudadano y Derechos
Civiles hacemos un repaso histórico a los orígenes del Primero de Mayo.
Normalmente sabemos que el 1º de Mayo se celebra el Día del Trabajador y que
multitud de manifestaciones recorren nuestras calles, pero la inmensa mayoría
desconoce los hechos sucedidos en Chicago a finales del Siglo XIX. En esa época
la clase obrera de Europa y Estados Unidos estaba en plena lucha por la
reducción del horario de trabajo a 8 horas. Se vivía en esos años el proceso de
consolidación del movimiento obrero a partir de los sindicatos y, también el
desarrollo del movimiento socialista. Pese a la ruptura entre socialistas
marxistas y anarquistas, ambas corrientes tuvieron un fuerte crecimiento en ese
período.
En Estados Unidos, a partir de 1873, se habían
desarrollado varias asociaciones de trabajadores: la AFL (Federación Americana
del Trabajo), de tendencia reformista, y los KL (Caballeros del Trabajo), más
izquierdista. Paralelamente, surgió un Partido Obrero Socialista.
La reivindicación de las 8 horas tenía amplio apoyo en
Chicago. Allí la jornada laboral se extendía desde las 4 de la mañana hasta las
8 de la noche. Aquellos que trabajaban 14 ó 15 horas se consideraban
afortunados. El 1º de mayo comenzó una huelga en la ciudad que arrancó con
40.000 trabajadores y llegó hasta 65.000. La adhesión de los trabajadores a la
medida no era fácil. Chicago era patrullada constantemente por la policía que,
junto con elementos patronales, organizaba provocaciones contra cualquier grupo
de trabajadores que, simplemente, pasease por la calle. Al trabajador en huelga
le quedaban dos alternativas: o se quedaba refugiado en su casa o andaba en
grupo con sus compañeros de trabajo. El espacio de la ciudad era disputado de
hecho entre la clase obrera y la burguesía. Donde la clase obrera pudo pesar
decisivamente la ciudad en huelga parecía una auténtica fiesta popular.
La
masacre de Haymarket
El lunes 3 de mayo un hecho empezaría a torcer el
curso de los acontecimientos. En una reunión de 6000 estibadores en huelga,
mientras hablaba August Spies, un grupo de 200 trabajadores se separaron del
acto con el objetivo de presionar a los rompehuelgas, que en ese momento salían
hacia sus casas. Quince minutos después aparecieron más de 200 policías que
iniciaron un combate en las calles que terminó con 4 obreros muertos y
muchísimos heridos.
Spies y sus compañeros llamaron a una manifestación
para el día siguiente en la plaza Haymarket, en el sur de Chicago. A la
concentración fueron más de 3000 trabajadores y concurrió el alcalde de la
ciudad, con la intención de garantizar la calma. El alcalde se retiró cuando
hablaba el último orador, Fielden, e inmediatamente después la policía,
comandada por el inspector John Blonfield (odiado por los obreros de la ciudad
por su brutalidad represiva) irrumpió en la reunión con 180 policías. Fielden
intentó detenerlos alegando que era una reunión pacífica. Estaba parlamentando
con los jefes cuando alguien arrojó una bomba contra los policías, hiriendo a
66 (7 de los cuales murieron). La policía disparó contra la multitud matando a
varias personas e hiriendo a 200. La zona se volvió un infierno, las farmacias
se llenaban de gente herida. A este episodio se lo llamó la "masacre de
Haymarket".
Nunca se aclaró quién arrojó la bomba. La hipótesis
más fuerte es atribuirla a una provocación policial. La patronal y la prensa a
su servicio salieron a hacer una campaña contra los "anarquistas
extranjeros que quieren destruir América". El grupo dirigente del
Sindicato Obrero Central estuvo inmediatamente sentado en el banquillo de los
acusados. August Spies, Michael Schwab, Adolph Fischer, George Engel, Louis
Lingg, Albert Parsons, Samuel Fielden y Oscar Neebe fueron sometidos a juicio.
La elección de los acusados fue política. Dos de ellos
ni siquiera estuvieron en la manifestación de Haymarket, otros se habían
retirado antes de la refriega. Lo que estaba en juicio eran las ideas políticas
de estos militantes, cosa que fue dicha explícitamente por la acusación en
varios tramos del juicio, plagado de vicios legales, falta de garantías,
testigos falsos y demás catálogo de violencias y trampas a que fueron sometidos
los compañeros. La índole fraudulenta del juicio fue tan evidente que, aun en
medio de una ensordecedora campaña nacionalista contra los "terroristas
extranjeros", el jurado no se atrevió a condenar a muerte a todos los
acusados, como era la intención primera de los organizadores políticos del
juicio.
El 11 de noviembre de 1887 Spies, Engel, Fischer y
Parsons fueron ahorcados. Unos días antes Louis Lingg se había quitado la vida
en su celda. A partir de ese momento fueron conocidos como los "mártires
de Chicago" y reivindicados como héroes de la clase trabajadora
internacional durante muchos años. En su funeral desfilaron más de 25.000
trabajadores.
Los otros compañeros (Fielden, Schwab y Neebe) pasaron
largos años en prisión hasta que el peso de las mentiras acumuladas obligó a
una revisión del proceso que concluyó con la libertad de los tres.
Primera acción obrera internacional
El impacto internacional que tuvo el juicio a los
"mártires de Chicago" duró muchos años. Hacia 1889, en la Reunión
Obrera Internacional convocada en París (en la que confluyeron socialistas y
anarquistas de varios países) se resolvió organizar "una gran
manifestación en fecha fija, de tal manera que simultáneamente en todos los
países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabajadores
pedirán a las autoridades oficiales la reducción, mediante una ley, de la jornada
de trabajo a 8 horas y que se lleven a efecto las demás resoluciones del
Congreso de París". La fecha escogida fue el 1º de mayo de 1890 para
coincidir con el día en que los sindicatos norteamericanos habían resuelto
retomar la lucha por las 8 horas y que conmemoraba el inicio de la huelga que
terminó con la condena y asesinato de Spies y sus compañeros.
Fuerteventura, 05 de Mayo de 2014